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La historia del truco

De dónde salió el juego y cuándo aparecen la muestra y las piezas en los papeles viejos. Con las fuentes a la vista, para que cada quien saque sus conclusiones.


De la historia del truco circula mucha macana. Que viene del árabe, que lo inventaron en Valencia en el siglo XV, que la muestra es un invento uruguayo, que ya estaba en el diccionario de Covarrubias en 1611. Nada de eso se sostiene cuando uno va a buscar el papel.

Esta página está armada al revés de lo habitual: primero el documento, después la afirmación. Todo lo que se dice acá se puede ir a leer —los enlaces están al final— y lo que no pudimos verificar aparece dicho como lo que es: una atribución, no un hecho.

El nombre: truque, y viene del catalán

El juego se llamaba truque, y así sigue en el diccionario de la Real Academia: «Del cat. truc. Juego de naipes y de envite entre dos, cuatro o más personas, en el que se reparten tres cartas… y en el que el tres es la de mayor valor.» El verbo trucar lo define como voz onomatopéyica —el golpe sobre la mesa— y en su segunda acepción: «Hacer el primer envite en el juego del truque.»

Y hay una palabra que sigue viva en el diccionario y que explica el juego entero: truquiflor, «juego de naipes en que, además de los lances del truque, hay el de flor…». Volvemos sobre eso más abajo, porque es la clave.

El mito del árabe

La etimología árabe («viene de truk») no tiene respaldo ni en la Academia ni en Corominas. Lo que sí es árabe es la palabra naipe, y la baraja como objeto, que entró a Europa desde el mundo mameluco. Pero el juego no.

1611: «truco» era el billar

Sebastián de Covarrubias publica en 1611 el Tesoro de la lengua castellana o española, el primer gran diccionario del castellano. Tiene entrada para truco, sí, pero dice esto:

TRVCO, juego que de pocos años a esta parte se ha introducido en España, y trúxose de Italia; es una mesa grande, guarnecida de paño muy tirante e igual, sin ninguna arruga ni tropezón. Está cercada de unos listones y de trecho en trecho tiene unas ventanillas por donde pueden caber las bolas…

Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611

Es billar. Una mesa con paño y troneras. De truque como juego de naipes, ni una palabra —aunque Covarrubias sí registra la flor como juego de cartas. Conclusión razonable: hacia 1611, el truque o era marginal en Castilla o no existía todavía.

La primera definición oficial del truque-naipes tarda más de un siglo. Llega en 1739, en el Diccionario de Autoridades, y ya es reconocible:

TRUQUE. s. m. Juego de náipes, entre dos, quatro, ù mas personas, en que se reparten à tres cartas à cada uno, las que se ván jugando una à una para hacer las bazas… En este juego hai envites de tantos de tres en tres, diciendo truco, tres mas, tres mas nueve, y juego fuera…

Diccionario de Autoridades, tomo VI, 1739

Tres cartas, bazas, envites de tres en tres. Es nuestro juego, sin la flor y sin la muestra.

La flor venía de otro juego

Y es una de las cosas más lindas del asunto. La flor no nació como un agregado del truco. Era un juego español independiente, con reglamento propio, que el Diccionario de Autoridades describe en 1732 con su tabla de valores completa: «El que hace flór, que son tres cartas de un palo, tiene mejor partido… El dos vale doce, el as once, las figuras y el cinco diez, el tres nueve…».

Y era tan popular que la Corona la prohibió por su nombre. La Pragmática Sanción de Carlos III (1771), válida para España y para las Indias, lista los juegos vedados: «Banca, ó Faraón, Baceta, Carreta, Banca fallida, Sacanete, Parar, Treinta y Quarenta, Cacho, Flor, Quince…».

La flor prohibida; el truque, no. Se ve que a la autoridad le preocupaba el envite y no la baza.

La costura

El truco rioplatense es la soldadura de dos juegos españoles distintos: el truque, que aporta las bazas, la estrategia y el farol, y la flor, que aporta el azar y la apuesta. La palabra que nombra esa costura existe desde entonces y todavía figura en el diccionario: truquiflor. Cuando jugás al truco uruguayo, estás jugando un truquiflor.

La muestra estaba en España en 1538

Esta es la parte que suele contarse mal. La muestra —dar vuelta una carta para fijar el triunfo de la mano— no se inventó de este lado del río. Es un mecanismo español viejísimo, y la palabra misma es castellano estándar: el diccionario de la Academia todavía trae, en la acepción 11 de muestra, «en algunos juegos de naipes, carta que se vuelve y enseña para indicar el palo del triunfo».

Aparece por escrito en Juan Luis Vives, el humanista valenciano, en sus Diálogos de 1538. En el diálogo dedicado a los naipes, dos personajes discuten a qué jugar:

—¿A qué juego jugaremos? —Al triunfo de España, y el que da los naipes se retendrá el naipe de muestra, si es as ó figura humana.

Juan Luis Vives, Diálogos, 1538 (trad. Cristóbal Coret y Peris, 1817)

Cuatro siglos y medio antes de que existiera Quiero Truco, un valenciano escribía «naipe de muestra» y nadie necesitaba que se lo explicaran.

1872: una mano de truco uruguayo, jugada en Buenos Aires

Y hay un documento que da vuelta la historia que todos repiten.

Hilario Ascasubi publica en París, en 1872, Santos Vega ó los mellizos de la Flor. El canto LV se llama «El truquiflor» y es una partida entera, contada jugada por jugada, ambientada en Buenos Aires —se oyen las campanas de Santo Domingo—. Lo que describe no es el truco argentino de hoy. Es el uruguayo.

Empieza por el mazo: «quien de un naipe empaquetado / sacó los ochos y nueves». Cuarenta cartas. Después nombra la variante, con una pregunta que cualquiera de acá reconoce:

—¿Hasta qué pieza jugamos, hasta el siete?… —No, hasta el dos.

Ascasubi, Santos Vega, canto LV, 1872

«Hasta el dos»: el nombre viejo del truco uruguayo, en un libro de 1872. Y sigue: «dio las cartas, y de muestra / echó el Perico de bastos». En sus propias notas al pie, Ascasubi aclara el vocabulario: «El perico: es el caballo de triunfo. El rey sirve para cambiarle por los triunfos de muestra» —el pericón— y «La perica: en el juego del truco, á la sota de triunfo le llaman la perica».

Están las piezas: el 4 de la muestra es «un triunfo soberano», y el 2 se lo come —«y como una tapadera / lo puso encima del cuatro»—. Está la flor armada con pieza: «con la Perica y el cuatro, / y de yapa la espadilla». La jerarquía completa 2 › 4 › 5 › caballo › sota del palo de la muestra, esa que hoy sobrevive solo de este lado del río, escrita en 1872 en una mesa porteña.

Lo que se sigue de esto

Los argentinos no le agregaron nada al truco: le sacaron la muestra. La forma con muestra y piezas es la vieja, la compartida, la que estaba en las dos orillas. Uruguay la conservó. Cuándo y por qué Argentina la abandonó es, honestamente, algo que no encontramos documentado.

La primera mención rioplatense es uruguaya, y es de 1818

La mención más antigua del truco en el Río de la Plata que pudimos verificar la firma Bartolomé Hidalgo —montevideano, fundador de la poesía gauchesca— en un cielito escrito para celebrar la batalla de Maipú, de abril de 1818:

Cielo, cielito que sí,
cielito de Chacabuco,
si Marcó perdió el envite,
Osorio no ganó el truco.

Bartolomé Hidalgo, «Cielito patriótico… la acción de Maipú», 1818

Marcó del Pont y Osorio eran los jefes realistas derrotados. Lo interesante no es que Hidalgo nombre el truco: es que lo usa como metáfora política, dando por sentado que su público entiende qué significa perder el envite y no ganar el truco. En 1818 el juego ya era lengua común.

Veintiún años después, en 1839, Ascasubi escribe «El Truquiflor» —un texto anterior al Santos Vega— y cuenta la guerra contra Rosas como si fuera una mano:

viene á ser casi lo mesmo / que si vinieran jugando / al truquiflor con nosotros / un partido interesado, / en el cual los Orientales / como por prendas jugamos / la libertad y la fama

Ascasubi, «El Truquiflor», campamento en marcha, 25 de octubre de 1839

Y ahí están, cantados: la flor, el contraflor, el achicarse, el retruco y el vale cuatro.

Dos cosas que no pudimos probar

Sería deshonesto no decirlas.

La primera: el antropólogo uruguayo Daniel Vidart afirma que un legajo de los tribunales de Córdoba menciona en 1638 «el juego de truco y taba». Si eso se confirmara, adelantaría toda esta historia ciento ochenta años. Pero Vidart no da la signatura del legajo y no pudimos rastrearlo. Queda como pista abierta, no como dato.

La segunda: quién fue primero, si el truc francés o el truque español. Hay especialistas serios de los dos lados —Parlett fecha Le Truc francés en 1583; Depaulis sostiene que precede al español citando a Tabourot en 1570— y no está resuelto. Preferimos decir eso a elegir bando.

Lo que sí está claro es la familia: el truco pertenece al grupo del Put inglés, emparentado con el truc francés y occitano, el truc valenciano y balear, el truco venezolano —donde el caballo y la sota del palo dado vuelta también se llaman perico y perica— y el truco brasileño, que en lugar de muestra usa la vira: se da vuelta una carta y las cuatro del rango siguiente se vuelven manilhas. Mismo principio, otra implementación.

Y las cartas bravas también son españolas

Un último detalle para quien juega la variante argentina. Ese orden inapelable —el 7 de oro, después el 7 de espada, después el 1 de basto, y arriba de todo el 1 de espada— no nació en la pampa. El Diccionari català-valencià-balear registra el truc d'espaseta, cuyo nombre en castellano era matarrata, con exactamente esa jerarquía. Y el Diccionario de Autoridades define «matarrata» con esa misma escalera en 1734.

Dicho de otro modo: casi todo lo que creemos criollo del truco cruzó el Atlántico ya armado. Lo criollo —lo verdaderamente nuestro— es otra cosa: el vocabulario, las señas, la cadencia de la mesa y la costumbre de mentir en voz alta. Eso sí se hizo acá.

De dónde salió esto

Lo que se afirma acá está apoyado en estas fuentes. Donde el dato es tradición oral o atribución sin respaldo documental, el texto lo dice. Las citas textuales se reproducen como fragmentos, con mención de autor y obra, al servicio del comentario.

  1. Real Academia Española, Diccionario de la lengua española: truque, trucar, truquiflor, muestra (acepción 11) y perico (acepción 3).
  2. Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española (Madrid, 1611), entrada «TRVCO». Facsímil: archive.org. Verificado en el original: la entrada describe un juego de billar, no de naipes.
  3. Diccionario de Autoridades, tomo VI (1739), entrada «TRUQUE», y tomo III (1732), entrada «FLOR». Consultables en el Fichero General de la RAE.
  4. Juan Luis Vives, Diálogos (Linguae latinae exercitatio, 1538-1539), diálogo «El juego de naipes», en la traducción de Cristóbal Coret y Peris (Madrid, 1817), p. 327: archive.org.
  5. Bartolomé Hidalgo, «Cielito patriótico que compuso un gaucho para cantar la acción de Maipú» (1818), en Cielitos y diálogos patrióticos. Texto en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  6. Hilario Ascasubi, «El Truquiflor» (fechado el 25 de octubre de 1839), en Paulino Lucero (París, 1872), pp. 34-38 y notas de las pp. 150-151: archive.org.
  7. Hilario Ascasubi, Santos Vega ó los mellizos de la Flor (París, Paul Dupont, 1872), canto LV «El truquiflor», pp. 385-393. Cotejado en dos ediciones distintas: 1.ª ed. París 1872 y 2.ª ed. Buenos Aires 1893.
  8. Nicolás Martínez Sáez, «Face to Face with Argentinian Truco: Origins and Evolution», Board Game Studies Journal 19 (2025), pp. 71-95, DOI 10.2478/bgs-2025-0004. Es la única publicación académica revisada por pares dedicada al truco rioplatense.
  9. Francisco José Fuentes Pereira, «El truco: historia de una tradición», Sumuntán 14 (2001), pp. 123-152: cismamagina.es.
  10. John McLeod, Pagat, familia de juegos «Put»: pagat.com/put, con las fichas del truc, el truco venezolano y el truco brasileño.
  11. Diccionari català-valencià-balear (Alcover-Moll), entrada «truc», subentrada «truc d'espaseta»: dcvb.iec.cat.
  12. Atribución sin verificar: la mención del legajo cordobés de 1638 procede de Daniel Vidart, que no consigna la signatura del expediente. La citamos como pista, no como hecho comprobado.

Ciento cincuenta años después, la misma mano

La muestra que describía Ascasubi en 1872 es la que se da vuelta acá. Probala.

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