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Las señas del truco

Mentirle al rival y decirle la verdad al compañero, con la misma cara y delante de todo el mundo. De dónde vienen las señas y cómo se usan.


En casi todos los juegos de cartas, comunicarse con el compañero es hacer trampa. En el truco es parte del juego, con una sola condición: que el rival te esté mirando. Podés decirle a tu compañero que tenés el ancho de espada; lo que no podés es que no se note que se lo dijiste.

Esa asimetría —información privada transmitida en público— es lo que hace del truco un juego distinto de todos los demás. Y es más vieja de lo que parece.

La primera seña escrita: 1872, en una nota al pie

Hilario Ascasubi cuenta en Santos Vega (1872) una partida completa, y en un momento la mesa se pudre porque uno de los jugadores hizo una seña. El texto:

— No me siga haciendo señas; / usté, amigo, me ha engañado, / y me ha hecho perder el truco / causa de haberme mirado, / abriendo ¡tamaños ojos!

Hilario Ascasubi, Santos Vega ó los mellizos de la Flor, 1872

Y como Ascasubi sabía que sus lectores europeos no iban a entender, lo explicó él mismo en una nota al pie de la misma página:

Abrir y cerrar rápidamente los ojos es el modo ó señal con que al truco se le indica al compañero el tener la primer carta de triunfo.

Nota del autor, misma obra

Es la referencia más antigua y sólida que encontramos: hace más de siglo y medio, la seña ya era una convención lo bastante fijada como para que un poeta la anotara al pie como quien aclara un regionalismo.

El repertorio que casi todos comparten

Lo que se juega hoy en la mayoría de las mesas rioplatenses es más o menos esto. Lo tomamos del Reglamento Oficial de ASART, la asociación argentina de truco, que es el que el Estado argentino adopta para los Juegos Nacionales Evita —o sea, lo más parecido a una norma oficial que existe:

CartaSeña
1 de espadalevantar ambas cejas
1 de bastoguiñar un ojo
7 de espadamueca con los labios hacia la derecha
7 de oromueca con los labios hacia la izquierda
los tresesmorderse el labio inferior
los dosesun beso apenas insinuado

Ninguna de esas señas necesita las manos. Todas caben en la cara, que es lo único que queda a la vista cuando estás sosteniendo tres cartas contra el pecho.

Las mismas cejas, a diez mil kilómetros

Acá viene lo que más nos sorprendió. En Valencia se juega al truc, primo hermano del truco, y tiene su propio repertorio de senyes. Comparadas una al lado de la otra:

CartaArgentina (ASART)Valencia (senyes del truc)
1 de espadalevantar ambas cejasalçar les celles — levantar las cejas
1 de bastoguiñar un ojofer l’ullet — guiñar
los tresesmorderse el labio inferiormossegar-se el llavi inferior

Son el mismo gesto, y no por casualidad: es la misma tradición, que cruzó el Atlántico con la baraja y se conservó en las dos orillas sin que ninguna supiera de la otra. La única diferencia real es que en Valencia los sietes se marcan sacando la lengua a un lado y al otro, y en el Río de la Plata se marcan con los labios.

Por qué nunca se estandarizaron del todo

Existe ese repertorio nuclear, y existe desde hace por lo menos ciento cincuenta años. Pero nunca fue obligatorio, y todas las fuentes coinciden en el mismo punto: la pareja puede cambiarlo por un código propio antes de empezar.

El estudio del truco valenciano lo dice sin vueltas: «Se preestablece todo un repertorio de señas entre compañeros. Aún así, se permite hablar entre todos los participantes, e incluso se acuerdan también señas falsas, o se improvisan». Y en Bélmez de la Moraleda, en Jaén, las contraseñas entre compañeros directamente no son gestos: son palabras convenidas de antemano.

La seña falsa

Que la seña falsa esté contemplada prueba que esto no funciona como un canal de información, sino como otra capa del engaño. Le hacés una seña visible al compañero para que el rival la lea mal. El rival sabe que podés estar haciendo eso. Vos sabés que él lo sabe. Y así hasta donde aguante la paciencia de cada uno.

El sociólogo francés Roger Caillois, que estudió los juegos del mundo, señalaba como rasgo llamativo del truco justamente esto: la capacidad de los jugadores de evocar en la mente del compañero los nombres de las apuestas sin llegar a pronunciarlos.

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Están implementadas con esa misma lógica, no como un chat privado. Tocás una seña y le va a tu compañero; la arrastrás hasta el lugar de alguien y le va solo a esa persona. El resto de la mesa ve que hiciste una seña —una burbuja con tres puntos sobre tu asiento— pero no ve cuál. Exactamente como en una mesa de verdad, donde el rival te ve la cara aunque no sepa qué le dijiste al compañero.

La máquina también las usa: una CPU que juega de compañera de un humano le canta sus cartas. Y lo hace tirando siempre tres señas, rellenando con «nada» las que le sobran, para no delatar cuántas cartas buenas tiene. Mentir es parte del juego, también para ella.

Los packs de señas de la tienda cambian el dibujo, nunca lo que la seña significa ni quién la ve.

De dónde salió esto

Lo que se afirma acá está apoyado en estas fuentes. Donde el dato es tradición oral o atribución sin respaldo documental, el texto lo dice. Las citas textuales se reproducen como fragmentos, con mención de autor y obra, al servicio del comentario.

  1. Hilario Ascasubi, Santos Vega ó los mellizos de la Flor (París, Paul Dupont, 1872), canto LV «El truquiflor», con las notas al pie del propio autor. Cotejado en dos ediciones: 1.ª ed. París 1872 y 2.ª ed. Buenos Aires 1893.
  2. Reglamento Oficial de la Asociación Argentina de Truco (ASART), sección «Señas», pp. 25-30. El sitio de ASART está fuera de servicio; se consultó la copia archivada: Internet Archive. Es el reglamento que el Ministerio de Turismo y Deportes argentino adopta para los Juegos Nacionales Evita.
  3. Señas del truc valenciano, página de juegos tradicionales de la Universitat de València: mural.uv.es/jogiol/truc.htm.
  4. Francisco José Fuentes Pereira, «El truco: historia de una tradición», Sumuntán 14 (2001), pp. 123-152 — las señas falsas en Valencia (p. 150) y las contraseñas verbales de Bélmez de la Moraleda (p. 131): cismamagina.es.
  5. La observación de Roger Caillois sobre el truco procede de Les jeux et les hommes (1958) y llega hasta acá citada por Nicolás Martínez Sáez, «Face to Face with Argentinian Truco», Board Game Studies Journal 19 (2025). No la verificamos en el original: es cita de segunda mano y así la damos.

Probá una seña

Se la tirás al compañero tocándola. El rival va a ver que hiciste algo, pero no qué.

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